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misma vivienda. Así se hacía también entre los minang, cuyas viviendas recibían el nombre de rumah gadang, es decir, casa grande, o bogonjong rumah, o sea, casa de techo espiralado. Esas construcciones funcionaban a la vez como residencias, salas de reuniones y actividades rituales. La madera era el material predominante en su construcción.

      Algunos minang, aun en su tierra natal, preferían las viviendas individuales, pero por lo general éstas mantenían muchos detalles arquitectónicos propios de las rumah gadang. Las migraciones, dentro de su mismo país o hacia el extranjero, eran habituales entre los minang; pero yo no sabría decir qué tipo de vivienda elegían en sus respectivos destinos, y sólo sé que la de Bambang no era muy diferente en aspecto de cualquier otra vivienda humilde de Tipûmbue, salvo por su mayor tamaño. Decían algunos que era imposible asemejarla a una rumah gadang porque en Largen no había materiales adecuados; pero creo que incluso aunque así fuera en parte, Bambang y Cahaya deben haber querido que externamente no se diferenciara mucho de otras tantas del país que los había acogido.

      Aquel mismo día, durante el almuerzo, Ifis había contado a Azrabul, Gurlok y Amsil muchas cosas relacionadas con aquella vivienda y sus habitantes. Nadie, jamás, había sido recibido allí, excepto ocasionales forasteros recién llegados a la ciudad que, aunque luego hablaron encantados del dueño de casa y de sus hijos, siempre se negaron rotundamente a revelar detalles del interior. Se habían enojado mucho al ser interrogados sobre la intimidad de un hogar donde se les había recibido tan hospitalariamente. Pero las historias se deforman al ir pasando de boca en boca; y el enojo de los interrogados, en descripciones posteriores, se había convertido en temor por las consecuencias de hablar sobre un tema vedado. La conclusión popular sobre el asunto era tétrica: aquellos huéspedes habían visto u oído algo horrible, de lo que no querían hablar.

      La irrupción a la vivienda e inmediata fuga de tres ladrones en cierta noche particularmente oscura había reforzado esta versión. De todas las víctimas posibles, los malhechores habían elegido a Bambang y su familia porque al ser más grande la casa tenían esperanzas de alzar más botín, y también porque al verlos a pleno día les habían parecido demasiado bonachones y, por lo tanto, inermes. Pero habían huido aterrados y a gritos tras ser atacados –dijeron– por una especie de enorme monstruo o demonio. Ningún vecino fue testigo del ataque y a la vez todos lo fueron, sobre todo a medida que pasaba el tiempo y personas que vivían a varias cuadras empezaban diciendo que habían visto algo extraño desde lejos y, tras mucho repetir sus respectivas versiones, terminaban presenciando la huida de los delincuentes en primera fila. Lo cierto fue que al menos algunos reportaron haber oído ruidos inexplicables y horribles al momento del suceso, por lo que se había abierto una investigación.

      Ahora, el recuerdo de las palabras de Ifis hacía que la puerta de la casa de Bambang ejerciera enigmática fascinación sobre Azrabul y Gurlok. Este último se preguntaba si Kuwat no habría salido al enciuentro de los tres famosos ladrones, y si sus misteriosas artes de combate no habrían dado pie a una leyenda urbana de bestias y monstruos. En cuanto a Amsil, no pensaba mucho en el asunto, porque acababa de recordar que había olvidado comprar yerba. Sus Tatas con ganas de tomar mate y sin poder hacerlo eran la más aterradora de las leyendass urbanas imaginables.

      —Tatas–dijo de repente Amsil, empalideciendo de horror–: me parece que metimos la pata.

      —¿Por qué, chango?–preguntó Gurlok, volviéndose hacia él muy intrigado.

      —Cinta se descalzó antes de entrar–contestó Amsil.

      —Pero es que nosotros no traemos botas de repuesto–respondió Gurlok, confuso.

      —Qué botas de repuesto ni qué botas de repuesto, Tata... Me parece que aquí adentro hay que ir descalzos. Mire lo que tenemos bajo nuestros pies.

      Gurlok bajó la mirada, y sus ojos se encontraron con una primorosa, inmaculada alfombra, y recordó haber visto a la entrada, en efecto, algunos pares de zapatos. Al instante, pareció enloquecer.

      —¡Carajo!–exclamó–. ¿En qué mierda pensaban los dioses cuando nos crearon? ¿Y qué se supone que vamos a hacer ahora? Todavía podemos corregir la pifia antes de que vengan los dueños de casa; pero si nos quitamos las botas, cómo les digo, muchachos, que aromaremos el ambiente de una forma muy poco grata para Bambang y su familia. ¡Te dije, Azrabul, te dije que mejor nos bañábamos! Al abogado no le importó porque ya está acostumbrado a oler cosas aún más podridas, pero aquí nosot... ¿Me estás escuchando, Azrabul?

      —¿Eh?...–preguntó Azrabul, dejando de mirar la muñeca del anaquel para atender a su compañero, que hizo una mueca de contrariedad al darse cuenta de que había hablado de balde.

      —Tatas–intervino Amsil–: respecto al tema del olor, Ifis dijo...

      —Selamat siang, tuan–tuan...–interrumpió una voz de mujer, la de Cahaya, la esposa de Bambang, que venía escoltada por su hija–. Bagaimana menurutmu?...– preguntó a Cinta; antes de que ésta respondiera, añadió sonriente y satisfecha:– ¡Ah!: Buenos días, señoras.

      ¿Señoras?... Azrabul y Gurlok se sintieron consternados. Ellos presumiendo de lo machos que eran, y en un dos por tres se les cambiaba el sexo.

      —Eh, sí, buenas tardes, señores–corrigió Cinta–. Ia mengatakan buenas tardes, señores, bu ...–explicó a su madre, con expresión incómoda.

      Era difícil

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