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en la sociedad, también lo consigue una agradable voz, con un timbre atractivo. Y es que la propia voz dice a cada uno y a los demás cómo se encuentra en cada momento. A la vez, es una referencia de la propia personalidad, y puede revelar en la mayoría de los casos la edad del individuo. Por tanto, todo lo que nos afecta se manifiesta directamente en la emisión de la voz.

      El estilo de comunicación delata la forma en que percibimos nuestro entorno en un momento determinado. Este estilo puede tener desde una actitud expresiva y de confianza hasta la inhibición extrema, pasando por una amplia gama de matices intermedios. Todo esto depende del temperamento de cada uno, de las personas con las que se relaciona, sus circunstancias, su estado de ánimo, etc. Se puede afirmar que hay una plena interrelación entre el estilo comunicativo (con sus emociones y sentimientos expresados o reprimidos) y el comportamiento del cuerpo. Las tensiones que se tengan en los músculos del cuerpo redundan directamente en la emisión de la voz.

      También se utiliza la voz como defensa cuando existe un desacuerdo con otra persona, o incluso con uno mismo, al no coincidir lo que es con lo que se quiere aparentar. Por ejemplo, a veces utilizamos una gran fuerza vocal cuando se trata en realidad de una debilidad o inseguridad personal.

      La voz se produce al desplazarse una corriente de aire procedente de los pulmones que asciende por un tubo, la tráquea, y que después se estrecha al pasar por las cuerdas vocales produciendo la vibración del sonido. Si las cuerdas vocales se encuentran separadas entre sí, hay silencio, es decir, la columna de aire sigue siendo solo aire. Cuando se juntan las cuerdas vocales, se produce un sonido. No obstante, en este caso todavía no se le puede llamar «voz» a este sonido, pues no posee todas las cualidades que la definen. A este nivel, al sonido se le llama tono fundamental. Ahora bien, cuando ese tono sigue ascendiendo, las cavidades de resonancia lo enriquecen con armónicos,1 y es entonces cuando se puede hablar de voz, ya que tiene timbre y volumen. Desde el punto de vista técnico, los armónicos se producen en los resonadores del aparato vocal. Dichos resonadores son los espacios vacíos que hay en este aparato, y ofrecen el timbre particular de cada voz.

      La voz tiene muchas semejanzas con los instrumentos de viento por los siguientes hechos:

      • Tanto en la voz como en los instrumentos de viento, el aire es el motor del sonido. Si en el caso de los instrumentos de viento el emisor de aire lo proporciona el instrumentista, para la voz se encargan un conjunto de órganos del cuerpo humano, formados por los pulmones, el diafragma y los músculos de la respiración.

      • En el instrumento musical, la lengüeta o boquilla hace que el aire pueda vibrar, mientras que en las personas son las cuerdas vocales, situadas dentro de la laringe, las que hacen que los sonidos vibren.

      • Todo este proceso no se podría concluir si no hubiese un tubo que proyectase el sonido, que todos los instrumentos poseen, junto con una campana o pabellón al final, y que en el caso del cuerpo humano son las diversas cavidades de resonancia, que están formadas por la laringe, las fosas nasales y la boca.

      Aunque en los instrumentos de viento los labios también influyen en la trayectoria de los sonidos, las articulaciones de estos se hacen mediante los dedos del instrumentista, al manejar los orificios, pistones o vara. La voz transforma el sonido, mediante la boca y los labios, tanto en fonemas (que después pueden formar palabras) como en un canto articulado.

      La proyección de la voz se regula mediante la presión aérea y una mayor apertura interior de la boca. Esa proyección está ligada a la intensidad de la voz, es decir, a la mayor o menor fuerza con la que se emite, y de este modo la voz puede proyectarse más o menos lejos.

      Si una persona se dispone a lanzar un dardo a una diana, debe mirar fijamente dónde está el centro de la misma, punto al que se dirigirá el lanzamiento. Lo mismo pasa con la voz, de forma que si uno desea dirigirla hacia una zona en concreto, debe conducir la mirada hacia ella para que el cerebro pueda poner en funcionamiento todo el sistema y encarrilar su energía hacia allá.

      Sin embargo, cuando hablamos de la proyección de la voz no nos referimos a que esta se dirige en una única dirección, lineal y hacia delante, sino que más bien se expande, ocupando un espacio y desarrollando un tiempo. Es importante saber que, más allá de la voz conversacional, un profesional que trabaje con la voz, sea hablando o cantando, debe expandirla por toda la sala con la misma calidad, y procurar que se entiendan todas sus palabras desde el principio hasta el final de sus frases. Por tanto, el orador debe hacerse una idea exacta de hasta dónde quiere que se escuche correctamente su voz, para así saber qué grado de intensidad y proyección necesitará.

      También es importante tener el control de la respiración para obtener una buena intensidad y proyección vocal, sin que haya bloqueos ni tensiones musculares. Para ello, hay que mantener a su vez una postura corporal correcta: la cabeza debe estar apoyada verticalmente sobre la columna, de forma que no rompa el eje del cuerpo; los hombros estarán rectos pero no rígidos, y la garganta, en posición de reposo. No obstante, la relajación absoluta tampoco es buena para cantar o hablar, pues es necesaria una cierta actividad muscular.

      Cada individuo tiene unas posibilidades vocales que por regla general no están desarrolladas lo suficiente, salvo mediante el conocimiento de la técnica vocal. Por tanto, el nivel que se alcance tanto en la voz cantada como en la hablada depende en parte de la exigencia que tenga cada uno.

      Las personas no iniciadas en la técnica vocal suelen cometer el error de pensar que la proyección de la voz se produce en las cuerdas vocales, que es donde se origina el sonido, pero no es donde se expande. Es como si una persona pensara que el violín o la guitarra, o cualquier otro instrumento de cuerda, resonasen en las mismas cuerdas en vez de en sus respectivas cajas de resonancia, hechas de madera.

      La voz hablada y la voz cantada están unidas por los siguientes elementos, de los que se hablará a lo largo de este libro: la articulación, la dicción, la postura corporal, la respiración, la emisión y la resonancia. Por el contrario, estos dos tipos de voz se diferencian en que habitualmente el tono de la voz hablada es más grave que el de la voz cantada, y en que la primera requiere un esfuerzo menor, sobre todo mucho menos que la voz lírica, que es la que más técnica precisa. Cuando un individuo habla se fija en lo que está diciendo, mientras que cuando canta se centra en la voz de por sí, en cómo la expresa.

      Lo cierto es que conocemos menos nuestra propia voz, sea hablada o cantada, de lo que podría parecer. Cuando se escucha una grabación en la que hay un grupo de personas hablando o cantando y en el que uno está presente, es más fácil reconocer la voz de los otros que la propia, salvo los que utilizan la voz como utensilio de trabajo y son muy conscientes de ella. Escuchamos nuestra voz no solo tras ser proyectada hacia los demás, sino, a su vez, al ser impulsada desde nuestro propio cuerpo, desde donde emerge. De ahí que sea raro reconocerla plenamente.

      La voz hablada la tiene cada individuo de forma natural, y no se necesita en principio tener técnica alguna para emplearla en las conversaciones diarias. Sin embargo, los que trabajan con ella, como profesores, actores, oradores, telefonistas, locutores de radio y televisión, abogados, comerciantes…, sí que deben conocerla con más detalle y saber cómo tratarla. ¿Qué pasaría si cualquier otro profesional ignorase su herramienta de trabajo? ¿Qué le sucedería a un administrativo que no supiera manejar su ordenador, o a un fotógrafo que no conociera el funcionamiento de su cámara, por citar solo dos ejemplos? Por eso, las personas cuyo trabajo depende de la voz deben considerarla su mejor herramienta, y como tal deben saber emplearla y cuidarla.

      Llama la atención el hecho de que para hablar de manera cotidiana no se exige en principio ninguna preparación vocal, más allá del conocimiento de un lenguaje, pero que para aprender a cantar, a ser actor o hablar en público sí se requiere una mínima técnica vocal. Por tanto, dentro de la voz hablada hay que diferenciar la voz conversacional de la voz proyectada.

      En la voz conversacional, habitualmente no hace falta poner en práctica todos los factores posibles para que la voz se escuche bien, en el sentido sonoro, a no ser que haya una cierta distancia entre los que están dialogando.

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