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      Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.

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      Editado por Harlequin Ibérica.

      Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

      Núñez de Balboa, 56

      28001 Madrid

      © 2000 Michelle Reid

      © 2021 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

      Corazón latino, n.º 1193- diciembre 2020

      Título original: The Spanish Husband

      Publicada originalmente por Harlequin Enterprises, Ltd.

      Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

      Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

      Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

      ® Harlequin, Julia y logotipo Harlequin son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited.

      ® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

      Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

      Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited.

      Todos los derechos están reservados.

      I.S.B.N.:978-84-1348-872-1

      Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

      Índice

       Créditos

       Capítulo 1

       Capítulo 2

       Capítulo 3

       Capítulo 4

       Capítulo 5

       Capítulo 6

       Capítulo 7

       Capítulo 8

       Capítulo 9

       Capítulo 10

       Capítulo 11

       Si te ha gustado este libro…

      Capítulo 1

      Caroline caminaba de un lado a otro de la suite de dos habitaciones. Se acercó a la ventana que supuestamente debía tener vistas al famoso Puerto Banús, pero no vio nada. Se alejó nuevamente y miró su reloj de pulsera impacientemente.

      Las nueve. Su padre había dicho a las siete. Le había prometido que estaría a las siete. Había dicho que solo iba a dar un paseo antes de cambiarse para ir a cenar, para ver cómo había cambiado el lugar.

      Su padre adoraba Marbella. En una época habían pasado casi todos los veranos allí, así que ella comprendía su deseo de volver a ver todo aquello, pero no su negativa a dejar que ella fuera con él.

      —No seas pesada, Caroline —le había dicho cuando había visto que insistía—. No necesito que me lleven de la mano, y desde luego, no me hace falta un perro guardián. Demuéstrame un poco de confianza, por Dios. ¿Acaso no te he prometido portarme bien?

      Así que había decidido demostrarle un poco de confianza. ¿Y qué había logrado? Caminar nerviosa de un lado a otro, como si fuera una madre preocupada.

      ¿No le fallaría, verdad? Pero… ¿Dónde estaba?

      Hacía horas que se había marchado, y ya se sabía lo que podía pasar si se lo dejaba a sus anchas.

      ¡Como hubiera dado rienda suelta a su maldito hábito, no lo perdonaría!

      Recogió su bolso y salió de la habitación. Llamó al ascensor.

      Ella odiaba aquel lugar, los recuerdos que le evocaba…

      Hacía siete años de su última visita, recordó Caroline cuando se abrieron las puertas del ascensor. Siete años desde que se habían visto obligados a marcharse humillados, y con el corazón destrozado, jurando no volver jamás.

      Sin embargo, allí estaban, no solo de vuelta en Marbella, sino en el mismo hotel. Y una vez más tenía que ir a buscar a su padre al lugar al que menos quería ir.

      El maldito casino. Allí, su padre podía causar un gran daño en un corto espacio de tiempo.

      ¿Cuánto tiempo hacía que faltaba? Dos horas por lo menos. En dos míseras horas podía perder un montón de dinero.

      Como había ocurrido la última vez.

      Sintió náuseas. Caroline se apoyó en la pared del ascensor cuando las puertas de este empezaron a cerrarse. Una mano se interpuso para que volvieran a abrirse. Entró un hombre alto y moreno, con aspecto de español, vestido con un esmoquin negro y una pajarita.

      —Disculpe que la haya retrasado —murmuró en inglés. Se dio la vuelta, le sonrió y le clavó la mirada.

      —Está bien —contestó ella, y bajó la vista, para no alentarlo a que la siguiera mirando.

      Sabía que la seguía mirando. Le pasaba a menudo. Era rubia, delgada pero con curvas muy femeninas, de piernas largas… Atraía las miradas masculinas. Y el extraño era apuesto, pensó ella.

      Pero no estaba de humor como para ponerse a charlar en un ascensor. Aunque la verdad era que hacía mucho tiempo que no dejaba que se le acercara un hombre…

      Desde Luis. Allí, en Marbella.

      Pero no quería recordar aquello tampoco. Marbella parecía tener el poder de los recuerdos. Y aquel hombre moreno se parecía mucho a Luis, como para tener alguna oportunidad con ella.

      Se alegró de que la puerta se abriese y de poder escapar de allí sin tener que conversar. Y se olvidó de él inmediatamente, concentrándose en su problema anterior.

      El hotel era uno de los mejores de Puerto Banús. Hacía años había tenido un esplendor que había atraído a cierto tipo de huéspedes, muy selectos, entre los que se habían encontrado su padre y ella.

      Pero acababan de reinaugurar el hotel, después de un largo período de arreglos hechos por los nuevos dueños, y aunque

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