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azules, es que nadie es más que nadie, todos somos iguales. Nos conectamos desde dentro de nosotros mismos, sentimos que el otro nos ve y nos valora. No se me ocurre mejor forma de generar poder interno, confianza y amor.

      Nos hace recordar esos círculos donde los integrantes de las tribus abordan los temas importantes o comparten su historia, sus leyendas.

      También nos gusta el respeto a lo que el otro tiene dentro. Y ese hábito que mis hijos tienen ya, de lanzar, de vez en cuando, en el coche o en otros momentos, sus propias preguntas para todos: ¿qué ha sido lo peor y lo mejor de mi semana?, ¿el momento más feliz y el más triste de nuestra vida?, ¿si yo fuera un animal cuál sería? o ¿qué superpoder querría tener?

      Me gusta ver que tenemos un lugar seguro donde autoobservarnos, conectarnos, madurar juntos, comprendernos, apoyarnos y reparar nuestras situaciones difíciles. Me gusta vivir espacios azules y que mis hijos vivan esta experiencia.

      • ¿Cuándo fue la última vez que te reuniste en un círculo?, ¿qué recuerdos entrañables te evoca?

      La misión de los espacios azules en procesos de crecimiento

      ¿Qué queremos conseguir, Carmen?

      Nuestro propósito es acompañar a los adultos a transformar su mundo interior y exterior, para inspirar a los niños a construir un futuro diferente.

      Por eso, dedicamos este libro a los padres y docentes, con quienes compartimos la misión de acompañar a los chicos y chicas en su crecimiento. Os proponemos convertirnos en facilitadores de espacios azules.

      • Nos preguntamos qué es lo que te ha hecho acercarte a este libro. ¿Cuáles son las necesidades e inquietudes que te mueven o las dificultades que te encuentras en tu día a día y para las que quizá buscas aquí algunas respuestas?

      Si eres alguien que quiere acompañar a sus alumnos o a sus hijos en su crecimiento lo que te vamos a ofrecer son preguntas. Preguntas para hacer a otros, y preguntas para hacerte a ti.

      Escribimos este manual sobre preguntas porque entendemos que son una herramienta sencilla y al alcance de todos, que tiene un efecto profundo sobre el desarrollo de las personas, del pensamiento y de los grupos.

      Lo escribimos porque creemos en un mundo de personas despiertas, conectadas hacia dentro y hacia fuera de una manera consciente. Y las preguntas son una forma de despertar, observar, autoconocerse, aprender, madurar. Son una fuente de inspiración.

      Este va a ser un manual muy práctico para crear espacios azules, pero queremos comenzar por definir los fundamentos de lo que te vas a encontrar en los siguientes capítulos. Al hacerlo nos mueven tres principios:

      • Alimentar el componente creativo e intuitivo que está en el centro de la capacidad de pensamiento de las personas para reforzar el potencial de cada uno. Elevar el nivel de consciencia, para vivir más despiertos y conectados con nosotros mismos y con otros. Acompañar al profesorado a conectarse con sus preguntas más relevantes, con su profesión, con su vocación, con la magnífica tarea de acompañar a los niños a descubrir sus tesoros interiores.

      • Ayudar a construir vínculos fuertes entre las personas que constituyen los grupos humanos, con el fin de desarrollar un sentimiento profundo de comunidad.

      • Contribuir a generar espacios sociales que recojan la tensión, la ansiedad inherente a las relaciones y a la vida, para desarrollar grupos humanos más maduros e inteligentes emocionalmente, que no se queden atrapados en sus emociones, que ejerzan influencia para desarrollar un mundo de relaciones mejor. Nos gusta llamarlos espacios azules.

      Una gran parte de este manual se centra en una metodología de trabajo emocional con los grupos basada en círculos del International Institute of Restaurative Practices (IIRP), en los que se invita a sus miembros a responder por turno a una serie de preguntas que indagan sobre la experiencia vital del tema que se quiera abordar, dentro de un espacio de intercambio seguro y libre de todo juicio.

      Nosotras lo llamamos crear espacios azules, como pequeñas burbujas de oxígeno que inspiran, que avivan la intuición, que nos despiertan, que nos conectan, nos dan claridad, y que construyen a partir de la interconexión, de la sabiduría colectiva transformadora.

      Otra parte, está enfocada a generar preguntas para ti, lector, en tu rol de docente, de padre o de madre, como forma de despertar consciencia en ti, de conectarte con lo esencial de tu tarea de acompañar a los niños en su crecimiento. Aprender técnicas y herramientas está bien, pero lo mejor que podemos hacer los adultos es conectarnos con la vocación y la grandiosa tarea de acompañar a los niños a crear un mundo interior y exterior mejor que el nuestro.

      Los seres humanos nacemos en un estado de vulnerabilidad extrema y salimos adelante dentro de grupos familiares y sociales que ponen las condiciones para que podamos crecer. Porque los humanos no nacemos formados; dentro de estos grupos lo aprendemos todo. Gracias a ellos desarrollamos nuestro pensamiento, nuestra capacidad de relacionarnos, de comunicarnos, de expresar empatía. Nuestra naturaleza social determina que sin ellos no podríamos sobrevivir o que, en el caso de sobrevivir, como ocurre con los niños criados por animales, no pasaríamos de un estado humano muy rudimentario, de características casi animales, con funciones que nunca conseguirían desarrollarse.

      Los grupos humanos, cuando son emocionalmente responsables, tienen esta capacidad de generar las condiciones suficientemente buenas para ayudar a sus miembros a terminar de crecer y de desarrollarse como personas. Ese desarrollo se demora dos años hasta que nuestro cerebro termina de formarse y establecer su proceso de conexión neuronal. No nacemos con el proceso de mielinización de los axones completado.

      De la misma manera, el proceso de desarrollo emocional se va completando a lo largo de la vida. Y tiene mucho que ver con nuestra capacidad para desarrollar autoconciencia. Es a través de la conciencia, que actúa como un espejo interno, como podemos tomar perspectiva para vernos a nosotros mismos actuar y, a partir de ahí, poder aprender de la experiencia y crecer.

      La realidad es que uno no termina de crecer nunca. El crecimiento interno de las personas es un proceso abierto que dura toda la vida, y que se va nutriendo de las diferentes experiencias por las que los seres humanos van pasando. En este sentido el corazón de la personalidad es una fuerza creadora (Neville Symington) que permite o no que se dé este proceso de crecimiento.

      Desarrollar conciencia es el motor de este proceso creador. La conciencia como un espejo interno que me ayuda a ver lo que estoy haciendo, cómo lo estoy haciendo y cómo me relaciono con los demás.

      Wilfred Bion, en su Teoría del pensamiento, habla de una función alfa de la mente, que es este creador interno que transforma las sensaciones y percepciones que nos van llegando a partir de las experiencias que vamos viviendo, a lo que denomina elementos beta. Equipara esta función alfa de la mente con la función de un estómago que va realizando el proceso de digestión de la experiencia, para hacerla almacenable en la memoria y permitir el aprendizaje a partir de la propia experiencia.

      La actitud de los adultos hacia sí mismos y hacia sus propias experiencias, su capacidad de revisar y comprender sus propias vivencias, tiene efectos sobre la manera en que se van a desarrollar las siguientes generaciones, en cómo se van a desarrollar sus hijos.

      La persona que es capaz de reflexionar sobre sus vínculos es capaz de asimilar y pensar en sus propias experiencias, tanto positivas como negativas, con otros. Tiene espacio mental para revisar sus vivencias y reflexionar sobre sus sentimientos. Esta persona cuando tiene un hijo tiene espacio para relacionarse con él como un ser independiente y separado, y de ser sensible a sus diferentes estados mentales, de manera que el bebé tiene posibilidad de desarrollar un vínculo seguro.

      Allan Hobson

      Padres que carecen de este espacio interno tienen muy limitada su sensibilidad hacia su hijo, de manera que les es difícil ser emocionalmente flexibles y responsables. El hijo fácilmente reaccionará volviéndose emocionalmente tendente a evitar el vínculo, y quedará fácilmente atrapado en procesos de desconexión y de aislamiento emocional que no permitirán que desarrolle su potencial como persona.

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